EL PROFESOR.
Su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos.
Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.
Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, marina no dudó demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertarían hasta las cinco.
Apenas escuchó la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución y se guardo la llave en el bolsillo….quizá fue un cortocircuito….el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.
La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo…. Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto pero no había línea.
Pancho se dio cuenta que debía sacar a su hermanito de allí. Intento abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.
Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo:
“¿Cómo pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?”
“¿Cómo pudo cargar al bebé en la mochila?
“¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?”
“¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?”
El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:
-Panchito estaba solo… No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.
Con este cuento de Jorge Bucay, quiero completar el ofrecido por los compañeros/as, es evidente que cada persona observa las cosas desde distintas perspectivas, y el profesor/a no es menos, la cuestión es que en ocasiones intentamos imponer nuestra perspectiva e incluso arrebatar a nuestros educandos las riendas de su propia vida, para que vivan la que nosotros queremos, y como nosotros queremos, en ocasiones debemos dejar a las personas que adquieran su propia forma de pensar, permitiendo que se equivoquen, que asuman responsabilidades, que descubran por ellos mismos, siempre con nuestra supervisión que no es imposición. Con todo esto lo que estamos haciendo es que los alumnos comiencen a construir su perspectiva.
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